sábado, 30 de agosto de 2008

Monólogo de un vampiro

Son las 23 horas y Jorge se levanta, su pálida piel se refleja con la luna mientras comienza su marcha. Se pierde en los bosques de Suiza, su nuevo hogar, mientras huele la tierra semi mojada por la lluvia de ayer. Su paso es ligero y silencioso, como la sombra de un errante, su cuerpo se desliza entre los árboles con maestría mientras divisa a un joven estudiante borracho, que tropezándose y abrazado de su botella de vodka lucha por llegar a casa. Jorge se acerca sigiloso, el estudiante se da cuenta de que algo sucede y afirma su billetera, los pasos de Jorge se acercan con flexibilidad felina, el estudiante queda inmóvil, Jorge le hunde sus colmillos en la tierna carne y comienza a beber su sangre que cae espesa y tibia por su garganta, Luego Jorge se para y se pierde en la niebla. Está cansado y se acuesta en la pradera, el sabe que no puede acercarse al sol, pero a sus 857 años eso poco le importa, espera tranquilo el alba y por fin es capaz de admirar los dulces rayos de sol que por centurias le fueron denegados. En ese momento Jorge sonrió, su cuerpo se fue desvaneciendo al compás del viento mientras se perdía en el mundo, por primera vez y después de 857 años Jorge está libre, por primera vez en 857 años Jorge sintió realmente el significado de la muerte.

¿Cuándo irá a terminar esta mierda? Se preguntó Jorge, estoy cansado de lo mismo, maldigo el día que viajé representando a España en las cruzadas y ese sarraceno hijo de puta me convirtió en esta bestia. Mi vida desde entonces ha sido una agobiante monotonía, semana a semana salgo en busca de alimento mientras el mundo duerme, la luna es la única compañera que me aligera esta maldición que cargo a mis espaldas, cada vez que entierro mis colmillos en un distraído humano siento su alma perderse en el infinito. Aunque pensandolo bien algunos se lo merecen, políticos corruptos y viles pedófilos, a veces creo hacerle un favor al mundo, y me siento como un héroe ante ese tipo de personas.
Nadie sabe lo que siento yo, he visto levantarse imperios y caerse como granito, he visto grandes promesas y grandes mentiras, los pocos amigos humanos que se me han acercado, se arrugaron y yacen bajo tierra como abono de gusanos, el mundo gira con rapidez sin embargo no siento el movimiento, mi vida carece de sentido, vivo de la muerte del resto, odio mi amarga existencia pero me aterra el hecho de salir al sol y desvanecerme en el aire, no sé que hacer, no sé si algún día llegaré a sentir lo que los humanos llaman amor.
Recuerdo con esfuerzo como era mi vida antes de ser un muerto viviente. Mi padre un granjero y mi madre una costurera, hicieron de mi infancia un momento espectacular. Recuerdo jugar a los espadachines con armas de madera junto a mi hermano Fernando, con la misma energía crecimos y juntamos el dinero para acompañar a los cristianos en la búsqueda de recuperar Jerusalén, un día un Sarraceno entró en nuestro campamento en la noche, su fuerza era mítica y su destreza envidiable, recuerdo que asesino a mi hermano y que se abalanzó sobre mí, en aquel momento logré quitarle su espada de medialuna y lo tomé del cuello, luego largos colmillos crecieron en sus dientes, su boca se posó en mi cuello y luego todo se nubló, el resto es historia, desperté convertido en un demonio, un animal… un vampiro.
Luego comencé a conocer a los de mi clase, si es que encontraba alguno, pero poco a poco me di cuenta de que estaba más solo. Tuve una novia, pero ella no sentía este pésame que llevo a cuestas, para ella la vida del vampiro era pura diversión, noches de fiesta, sexo y cuellos ensangrentados. Para mí el asunto era distinto… ahora que lo pienso nunca me sentí bien siendo vampiro, añoro los días de juegos y relatos frente al fuego, siento que no puedo más… he tomado una decisión, tomaré una vida más y luego acabaré con la mía.
¿Qué es eso entre los bosques?, ¿Es un humano? Si lo es… mi última víctima, veo que está borracho, tanto mejor, el alcohol en su sangre me dará un momento más placentero, muerdo su cuello y me alimento de su último soplo de vida, sigo caminando, estoy cansado, muy cansado, llevo caminando casi un milenio sin poder descansar. Llego a una ladera, se parece mucho a las que corría en mi niñez… comienzo a sentir miedo, ¿Qué será de mí? ¿Tendrá el paraíso un espacio para este nómada asesino? Da igual, cualquier cosa es mejor que esto, comienzo a sentir los pájaros cantar ¡Cuántos años sin ver a estas criaturas! ¡Al fin me siento vivo! Veo despertar los animales, escucho cantar al rocío, que sensación más fascinante, detrás de la montaña siento que viene la luz, rezo un avemaría, tanto tiempo esperado, tantas luchas perdidas y ganadas, cuantas vidas quitadas y familias apenadas, todo se reduce a su fin, la luz baña mi cuerpo, es algo indescriptible, no siento pena, no siento dolor, finalmente siento paz.

jueves, 28 de agosto de 2008

El que no ha visto televisión, que tire la primera piedra

Una ávida crítica a la televisión, que tomando en consideración aspectos de nuestra idiosincrasia, intenta descubrir por qué es como es la televisión, y por qué es tan difícil cambiarla.
Algunos la llaman “caja tonta”, Cristián Warnken “horno crematorio azul”, la RAE la define como “Transmisión de la imagen a distancia, valiéndose de ondas hertzianas” y nosotros la llamamos televisión. Lo cierto es que hay muchos nombres y adjetivos para describir este aparato que vino para cambiar la historia del siglo 20 (y por cierto la del 21), pero ¿Sabemos realmente lo qué es?, o más aún ¿Sabemos con certeza para qué la queremos?
Si de algo estamos seguros es que la televisión pasó a ser un agente cotidiano en la actualidad, la gente llega del trabajo a verla, los niños no se despegan de ella y gran parte del país se hipnotiza de de 8 a 9 de la noche disfrutando de teleseries mientras se maravillan con los enredos sentimentales ajenos e inventados. La penetración de este medio de comunicación audiovisual es impresionante, pero lamentablemente no ha sido para bien.
Las funciones de la televisión son: Formar opinión, educar, informar y entretener. Es paradójico que a pesar de existir cuatro funciones que debieran ser cumplidas equitativamente, sólo la última se lleve gran parte de la torta. La televisión dejó de ser un aparato auxiliar de la cultura, sino que privó de cierta manera a la gente de la misma, la excesiva entretención audiovisual inhibe a los niños a imaginar y crear juegos para entretenerse, la falta de imaginación va de la mano con la falta de creatividad y curiosidad, lo que curiosamente (valga la redundancia) hizo a la gente levantarse a conocer y entender al mundo. Pascal criticó a los aristócratas franceses del siglo 17 por pasárselas de juerga y nunca cuestionarse ni hacerse preguntas importantes, pero poco sabemos que hoy estamos aún en peores circunstancias que en los tiempos de Pascal, pues ya no sólo evitamos pensar de forma colectiva discutiendo nimiedades, en el siglo 21 evitamos el pensamiento solos, casi de forma autista, frente a la brillante pantalla del televisor.
Si bien la televisión no ha aportado al fomento de la cultura como todos esperamos, el problema no es sólo el de ella, sino de todos nosotros que la consumimos, no existe Frankenstein sin su doctor y creador, por lo que no existe la TV sin el ser humano. Algo muy interesante sobre la televisión, es que de cierta forma logra reflejar en gran parte la sociedad, lo burdo abunda, lo libresco no “prende” y todo es repasado con una alarmante superficialidad. La manera de ver TV demuestra en gran parte como vive la sociedad en este mundo globalizado, la velocidad es imperante, sólo lo que produce es útil y lo que no desechable (por Dios que hay basura en el mundo), esto podríamos llamarlo como bien diría Warnken la cultura del “Zapping”, expeditivas pinceladas sin capacidad de llegar a lo profundo ni a la médula de asunto alguno, todo se toca con ligereza y rapidez, ¡Pero cuidado con detenerse a analizar! Pues el mundo acepta cuotas pero no críticas y los rebeldes son comercializados y adaptados para el “entertainment”.
Al parecer que esta cultura televisiva, o más bien “Cultura Huachaca” como la llamaría Pablo Huneeus, no sólo es un monstruo creado por nosotros, sino también nosotros nos hemos vuelto esclavos del mismo, como en “Yo, robot” de Isaac Asimov, nuestra creación se volvió en nuestra contra y no hay aparente manera de controlarla, pero me refiero a un control racional, ya que nosotros de algún modo obedecemos a nuestro inconciente, el cual es manejado por una fuerza subliminal aún mayor… la publicidad.
Según mi análisis, el problema principal de la televisión radica en el momento justo cuando ésta contrajo matrimonio con la publicidad. En este matrimonio una parte pone el dinero para la subsistencia del otro, mientras que éste último tiene el deber de obedecerle. El gran dilema es que hoy la televisión se mueve básicamente por los patrones de la oferta y la demanda. Lo que tiene rating (sea o no basura) recibe dinero y publicidad, lo que no tiene rating (aún siendo un programa cultural de peso y no una discusión de futbolistas con modelos) es desechado como un plato roto. La importancia de la publicidad en la TV distorsionó lo que ésta era en su esencia, y lo que debió ser una buena novela audiovisual (Entretenida y educativa), terminó siendo una sangrienta lucha de gladiadores, donde lo ganador (ojo, no siempre lo mejor) se mantiene y lo que no sirve es arrojado a la fosa sin sutileza alguna.
Ante este escenario la solución expuesta por Huneeus en su libro “La Cultura Huachaca” sería la más lógica, ésta es crear un impuesto para la “buena televisión”, lo que sería una suerte de “salvavidas”, ya que no dependería de la publicidad ni de los ratings para crear productos de calidad. Lastimosamente para todos, Alejandro Navas descarta esta opción, pues dice que eso se ha intentado y no ha tenido los resultados esperados, básicamente por que no tiene sentido mantener algo que el público exige pero a la vez ignora, por lo mismo deberíamos ser honestos y como consumidores aceptar nuestra culpa en lo que juntos hemos creado. El que no ha visto TV, que tire la primera piedra.

viernes, 1 de agosto de 2008

Pasado/Hegel, Presente/Heidegger y Futuro/Parra

Antes de comenzar mi escrito, voy a dejar dos citas textuales que me harán más fácil la tarea de exponer mi idea sobre un tema "más viejo que el hilo negro" y este es el controversial "El Pasado, Presente y Futuro".

Para empezar dejaré con ustedes algo de Nicanor Parra:

Ultimo Brindis /Nicanor Parra
Lo queramos o no sólo tenemos tres alternativas:
el ayer, el presente y el mañana.
Y ni siquiera tres porque como dice el filósofo
el ayer es ayer nos pertenece sólo en el recuerdo:
a la rosa que ya se deshojóno
se le puede sacar otro pétalo.
Las cartas por jugar son solamente dos:
el presente y el día de mañana.
Y ni siquiera dos
porque es un hecho bien establecido
que el presente no existe sino en la medida
en que se hace pasado y ya pasó...como la juventud.
En resumidas cuentas
sólo nos va quedando el mañana:
yo levanto mi copa por ese día
que no llega nunca pero que es lo único
de lo que realmente disponemos....

La otra cita textual corresponde al libro "La extraña figura antropológica del hombre de hoy" de Armando Roa, donde dice:
"Además de respetables por sí mismas, lo son por lo que llegarán a ser, o por lo que fueron, ya que en el hombre los cuatro momentos de temporalidad: pasado, presente, futuro- y la parte e cada uno que se introduce en el otro para darle vigencia-, están activamente ahí sosteniéndolo en lo que es, constituyendo aquello que Heidegger ha llamado con la palabra clave de su pensamiento, la presencia. Nadie podría ser si su pasado fuese algo dejado atrás y no estuviese activamente dándole luz a su presente, y si su futuro no estuviese también activamente moviéndole a realizarse, proponiéndole posibilidades múltiples, llevándole a ser más ser que lo que es. En el hombre, desde el punto de vista biológico, esa presencia aparece en el momento de la fecundación del óvulo, pues el óvulo fecundado contiene ya el código genético que habrá de regir su organización y funcionamiento psicocorpóreomientras viva, y que como se sabe es único e irrepetible para cada individuo y lo suficientemente plástico para recibir y trabajar las influencias de la naturaleza, de la cultura y del espíritu."
Como leyeron en la cita inmediatamente anterior (con la cual me siento muy cómodo), me gustaría decir que discrepo con las "3 alternativas" iniciales que menciona Nicanor, ya que mi punto de vista es similar al dialéctico impuesto por Hegel, el cual indica que todo es un proceso, que la historia no es lineal sino un espiral el cual es el "espíritu", con eso quiero decir que al no ser la historia lineal, tampoco lo es el pasado, luego el presente y posteriormente el futuro, sino que estos 3 elementos se mezclan ya que ambos participan de un todo. Como dice la cita respecto a Martin Heidegger, el pasado influye en gran medida nuestro presente, lo que desmiente la popular frase "pasado pisado", ya que ese pasado, olvidado e inútil para efectos posteriores para muchos, es en realidad la base de lo que vivimos en el día a día. El futuro no se escapa mucho de esto, ya que si bien es un espacio temporal incierto, todo lo que hacemos en nuestro presente va pensado a futuro, ya sea esto a largo plazo (estudiar una carrera, tener hijos etc..) o a un plazo tan corto e inconsciente como dar pasos para desplazarse.
Con todo esto quiero decir que no existe tal cosa como un pasado, un presente y un futuro lineal, sino que todos estos son en el fondo una maquina de esquisitos engranajes y no seres autónomos sin capacidad de influenciarse entre sí. No voy a ahondar en temas físicos o específicamente de física cuántica (sobre el orden o desorden que impera en las leyes físicas), pero si creí oportuno cuestionar esos órdenes a los cuales nos vemos sumergidos día a día, como lo son los espacios temporales. Si bien la conclusión de Nicanor fue que sólo nos queda el futuro, yo digo que el acertó a que los espacios temporales no son 3 sino solamente uno, pero erró ,creo yo, al llamar a este único espacio temporal "futuro".

lunes, 14 de julio de 2008

Juan el paciente

Juan es un hombre de 32 años, su pelo negro y tez semi-oscura, conforman armoniosa su cara, mezcla de orgullosos indígenas y altos conquistadores, cara nerviosa que inspecciona sus alrededores mientras timido pide un café a la quinceañera mesera. La vida de Juan no ha sido ni es fácil, pero a pesar de eso el siempre a logrado llevar las cosas de la mejor manera, Juan tenía una persona que lo apoyaba día y noche sin importa que pasara, él tenía un respaldo invisible a los ojos, Juan era creyente.
Desde muy pequeño Juan aprendió que la vida es una ruleta, y que lamentablemente el no tira los dados, pero si recibe los resultados. A la temprana edad de los 5 años, Juan vio como un incontrolable cáncer se llevó la vida de su padre, y como su mamá le dijo: “Tranquilo hijo, Dios lo hizo por algo”.
“Dios lo hizo por algo”, repitió Juan hasta su adultez, desde niño aprendió que este benévolo ser tiene un plan para cada uno de nosotros, y si bien el camino no es fácil, siempre termina uno triunfando, sólo tiene que esperar que ese caprichoso Dios decida algún día alegrarnos la existencia.
Los años pasaban y la vida de Juan cosechaba más desgracias que alegrías, su madre incapaz de soportar la muerte de su marido, se sumió en el alcohol, ahogando sus penas en un vaso de pisco llegó un día que no soportó más, y entre tambaleos y visiones nubladas, tomó el revolver de su difunto esposo y apuntándoselo a la sien tomó el boleto más rápido para encontrarse con su amado. Juan llegó ese día tarde a casa, había logrado un premio estudiantil, corrió velozmente hasta la puerta de su madre y sus oscuros ojos no daban crédito a lo que veían, sus lágrimas aportaron sal a la tibia sangre que yacía en el suelo de madera, Juan sólo atinó a pensar “Dios lo hizo por algo”.
Contra viento y marea, las constantes desgracias en la vida de Juan lo hicieron volverse más creyente, el siempre pensó que todo era pasajero, su envidiable fortaleza lo hacía pensar en un distante continente negro, donde se matan por diamantes y la gente muere de hambre. A pesar de sufrir la muerte de sus padres, vivir solo y tener 32 años sin haber sentido jamás el dulce sabor de un beso, Juan se decía que estaba tranquilo, porque existía gente en peor situación que él.
Un día, no como cualquier otro, Juan se encontraba en su departamento. Abrió con cuidado su laptop cuando casi se le desbordan los ojos de emoción ¡Por fin tenía una cita! Después de años buscando alguna compañía femenina en Internet, Juan lo había logrado, la mujer era alta y distinguida, mejor que cualquier mujer que su frágil imaginación hubiese creado, la cita era mañana a las 20:00 horas, se juntarían en el cine, frente al habitual café de Juan, el no creía lo que su pantalla plasmaba, Dios había escuchado sus plegarias, tanto sufrimiento al fin era justificado, esta vez Juan no lloraba, Juan reía “Dios lo hace por algo” pensó triunfal mientras cerraba su computador portátil.
Los impacientes ojos de Juan recorrían el local a una velocidad desorbitante. “Estoy duchado, perfumado y tengo el ramo de flores” pensó, mientras agradecía a la quinceañera mesera su café expresso, Juan estaba nervioso, y se le notaba.
El reloj marcaba las 20:01 y Juan no podía aguantar su nerviosismo, mojaba impaciente sus labios con el amargo brebaje maldiciendo para sus adentros “¿me habrá abandonado Dios? No, no lo creo, que necio de mi parte, el lo hace por algo”. Completamente destrozado dejó la propina en la mesa cuando se apresto a botar el ramo de flores… Justo un segundo antes algo sintió en su corazón, al otro lado se encontraba su amada, nerviosa chequeba su reloj de pulsera esperando encontrarse con su Romeo. La alegría de Juan era infinita, al fin, ahora si, el lo había logrado.
Con una velocidad fulminante Juan cruzó la calle que los separaba, la mujer al verlo correr hacía ella se llenó de emoción y extendió sus suaves brazos para apretarlo contra su pecho, Juan estiro los brazos y sintió un sensación sin igual, un abrazo fuerte y duro como ningún otro recorrió su cuerpo de pies a cabeza, pero este abrazo no era suave, sino duro, duro como el metal, es más, impenetrable como el acero. En su alocada corrida Juan fue arrollado por una camioneta segundos antes de encontrar a su platónica amada.
Una vez en el suelo y cubierto de sangre, Juan recordó el olor que despedía el cuerpo de su madre cuando yacía muerta en su cama, en ese momento Juan entendió lo que sucedía, y ante la aterrada mirada de su cita, en su último momento de lucidez, Juan no entendió porque hizo esto Dios, no comprendió porque le tocó sufrir tanto y ante el primer atisbo de felicidad, se le fue arrancado de las manos como la peor de la malezas. Juan nunca pidió nada, y del mismo modo nada recibió a cambio, Juan yace en el suelo, Juan no entiende que hizo mal, Juan no sabe que hizo para merecer esto, Juan cerró los ojos… Sólo Dios sabe donde está Juan.

domingo, 13 de julio de 2008

Kant y Religion

(por culpa de escribir esto en un computador gringo debere omitir todo tilde correspondiente, enies y aperturas de exclamacion y pregunta)
Leyendo el libro "Lo Bello y lo Sublime / La Paz Pepetua" de Immanuel Kant, encontre algo que se ajusta y confirma lo que escribi sobre las religiones, a continuacion voy a escribir la cita correspondiente:
"Diferencia de religion, que expresion tan extrana! Es como si se hablace de diferentes morales. Puede haber diferentes especies de creencias, no en la religion, sino en la historia de los medios empleados para fomentar la religion, pertenecientes al campo de la erudiccion: puede haber diferentes libros de religion -Zendavesta, Vedas, Coran etcetera- pero no puede haber mas que una unica religion, valedera para todos los hombres y todos los pueblos. Las creencias especiales son solo vehiculos de la religion, contingentes y diversos, segun los tiempos y lugares."

creo que la frase lo dice todo, ahi esta mas claro que el agua



Saludos

martes, 17 de junio de 2008

¿Han perdido las religiones su verdadero sentido?

Los ecos del Jihad y las cruzadas siguen revoloteando en la ya golpeada tierra, las religiones, actos y rituales creados por los humanos para contactarse con lo divino, han sido completamente cambiados y desvirtuados de lo que alguna vez fue su función curar a la humanidad, pero no me refiero a los sacerdotes antigüos que eran también diestros curanderos, sino el curar el espíritu, lo intocable del ser humano, la comunión con la naturaleza,, lo que mucha gente hoy llama “alma”.
Me molesta profundamente como han evolucionado las religiones, los musulmanes en nombre de Alá no dudan en autodestruirse, llevándose en el acto cientos de personas que poco o nada tienen que ver con los fanatismos. La iglesia católica goza de un pasado ejemplar, dominador de los siervos en la edad media, a quienes les decían “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico lo haga al reino de los cielos”, algo bastante hipócrita, si se tiene en consideración que la iglesia ostentaba más de la mitad de los terrenos y que sus altos cleros gozaban del oro que tenia al resto muerto de hambre. No entraré a temas más complicados como la “Santa” Inquisición, pues si bien nada tenía de santa, poco tiene que ver con lo que quiero desarrollar, que es la falta de eje que poseen las distintas “casas de dios”.
Dejando de lado los horrores cometidos en el pasado en nombre de un ser supremo que según entendemos sólo quiere paz y amor (nuevamente la contradicción), quiero llegar a otro tema, el cual para entender más fácilmente propongo una breve historia (de la cual no recuerdo su autor). Imagínense que están en un círculo del cual no pueden moverse, y al medio se encuentra un elefante, en cada parte del círculo se encuentran distintas personas las cuales ven sólo una parte del enorme mamífero, unos sólo lo ven de frente, e ignoran que tenga cola, otros sólo lo miran por detrás, y están seguros que no existen colmillos, mientras que otros lo ven de frente y en vez de ver dos orejas ven una. Más tarde la gente se reúne y discute sobre como es este grandioso paquidermo, al cada uno tener una visión distinta comienzan a luchar y incomprenderse, desatando luego una guerra.
La historia puede parecer exagerada, pero al igual que los supuestos de economía, lo hago para que se entienda que lo mismo pasa con la religión hoy en día. Las distintas religiones no son más que distintas visiones (refiriéndome a las monoteístas), sobre un mismo ser, todas giran en torno a un ser benevolente, y se darían cuenta y so se hallaran tan ocupadas peleando por tener la razón. La religión nace con la cultura, probablemente si Juan Pablo II hubiese nacido en la India sería un excelente Hindú, quien sabe, quizas un faquir, pero difícilmente un Papa católico, por lo mismo es que no hay hindis en la nativa América, pues un dios con forma de elefante hubiese sido una locura en un lugar donde el oso (en Norteamérica) era el mamífero más colosal.
En esta era de globalización creo que hay que abrir los ojos, las religiones deberían tomar sus misiones iniciales y luchar juntas por el bienestar de la tierra, en algún momento todos tendrán que alabar a Dios, no a Yahve, Alá o Krishna, todos deberán darse cuenta que lo que está al medio es lo mismo, que el camino es diferente pero igualmente válido, y de una vez tirar juntos la misma cuerda, sin conflictos de por medio.
pd: disculpas a cualquier religioso si se siente ofendido, o escribí mal algún nombre determinado.

jueves, 22 de mayo de 2008

Valparaíso y la Sebastiana:
La guinda del jardín de cemento


Desde una caliente “Chorrillana” hasta los más finos poemas de Neruda. Una exploración a las entrañas de una de las ciudades más antiguas e importantes de Chile, donde la ciudad y la casa del Poeta serán los principales ingredientes del plato de fondo, donde lo turístico y lo nativo se funden para crear la mejor de las poesías.



A ires de revolución y protesta planeaban junto a la suave niebla de Valparaíso con la misma complicidad que tienen el té y la leche en un buen desayuno inglés. Se puede observar el resguardo policial expectante ante una nueva protesta universitaria que ese día no asomó sus narices y en su contraste la gente moviéndose a un paso calmado oriundo de nuestras provincias. Este es el clima que se vive en Valparaíso, una localidad orgullosa con pálpito propio e imponentes buques, esta es la urbe que fue madre de uno de los diarios más viejos de Sudamérica y madre adoptiva de uno de los poetas más grandes que hayan pisado tierras criollas, esta es la ciudad de Valparaíso.
¿Cómo describir una ciudad como esta? Es la pregunta que se deben hacer los miles de turistas que visitan año a año el puerto más importante de Chile, y claro que no es una pregunta fácil, cuando la respuesta se haya perdida entre empinados cerros que se conectan con estrechos y laberínticos pasillos sólo capaces de ser navegados por los expertos ojos porteños. Uno de estos cerros, el cual una conocida teleserie nacional hizo famoso, se muestra a los curiosos turistas para caminar por sus calles donde se puede casi respirar lo que Valparaíso suda, literatura y manifestación, pero no tome la manifestación como un acto de vandalismo, sino como la necesidad de expresar el arte, música e ideas de cualquier manera, inclusive cuando esto implique “ensuciar” el entorno.
“Cafetería Librería Café con letras” rezaba uno de los cuantos carteles que habitaban en el Cerro Alegre, esta mezcla de café y literatura propia de la cultura parisina se hacía presente frente a un oscuro graffiti que tatuado a una rocosa muralla gritaba irónico “Salud compañeros x el paco muerto”, esta curiosa imagen se veía adornada por numerosos “stencils”[1] y dos jóvenes aparentemente nórdicos que bajaban con sus pesadas mochilas por la ciudad. Más abajo se encontraba uno de los orgullos del puerto, el ascensor “El Peral”, una cabina para máximo siete personas, manejada por rieles y ruedas parecidas a las que “La Bella Durmiente” ocuparía antes de sumirse en su casi eterno sueño. En este lugar que funcionaba hace más de cien años se encontraba Cristián, un hincha del Everton, quien hace tan sólo dos años manejaba los ascensores, tarea que ejercía con absoluta maestría, mientras comentaba entusiasta cuales eran las fechas donde más turistas acudían a “El Peral” por un viaje de hermosa vista.
Bajando en la cabina y con la vida de siete personas en las manos de Cristián, se logra observar Valparaíso en su salada esencia y hermosos paisajes. El viaje es corto y es seguido por una caja donde se paga la módica suma de doscientos pesos, precio justo, si pensamos en el agotador trayecto que significaría para los pies capitalinos subir el cerro. A sólo pasos de aquel lugar, se encuentra “Ale” un tranquilo porteño que mientras lavaba autos (oficio que ejercía hace seis años) no se molestaba en dar una pequeña clase de geografía, en la cual la quinta región era la protagonista.
En Valparaíso se pueden hacer muchas cosas, entre ellas obedecer a nuestra necesidad biológica de comer, y que mejor lugar para hacerlo que uno de los tantos locales que hay en esta ciudad, las chorrillanas corren a la orden del día, siendo plato principal del puerto y no manjar exclusivo del “J Cruz”, en estos locales se puede también emular a “el club de la bota” y beber una fría y refrescante cerveza, tema que nos lleva a nuestra última y gran parada en Valparaíso, la casa de Pablo Neruda.
El Barrio alrededor de la casa es tranquilo, se pueden observar las coloridas casas de Valparaíso que brotan como tiernas hojas primaverales en un opaco otoño. Un poco más abajo de la casa/museo se encuentra el almacén “San Sebastián”, en donde un par de ancianos comentan sobre su pan “calentito” y como la comunión de dicho manjar con la mantequilla se haría presente en sus mesas. A la izquierda de este viejo almacén se divisan dos postes de luz, el primero rayado con los colores de la Universidad De Chile, el segundo con el verde y blanco que recordaba a Santiago Wanders, poste que se erguía con absoluto orgullo porteño, como marcando el territorio al poste invasor.
Subiendo por Av. Ferrari un poco más a la izquierda, en una perfecta combinación, se encontraban antiguos y ásperos carteles de bebidas junto a numerosos perros en las calles, oriundos de esta inclinada selva urbana, en la cual se movían con igual propiedad que un león en la Sabana. Todo esto con un fondo musical militar que probablemente les hacía honores a los marinos estadounidenses, dejando en claro que esto era un puerto y se encontraba en constante movimiento.
Serpenteando nuevamente estos únicos cerros (sólo comparables con los de la costa de Lisboa), se encuentra la guinda de la torta que ofrece esta colorida ensalada de frutas llamada Valparaíso: la casa del poeta. Esta particular vivienda (como lo son todas las que albergaban a Neruda) fue obra del Arquitecto Sebastián Collado, lo que explica el nombre de esta (La Sebastiana).
El recorrido por la casa de Neruda irónicamente no empieza por su casa, esto se debe a que en realidad era una casa compartida, y los dominios del rey de los versos no comenzaban sino hasta el segundo piso. Avanzando en este histórico recorrido, encontramos en una sala una de las grabaciones de Neruda, la pequeña sala rojiza es el teatro donde navega la melancólica, pausada y triste voz del poeta mientras recita unos de sus cuantos versos.
Subiendo por unas altas escaleras nos encontramos con su sala de estar, Lord Cochrane, se lleva las miradas al ser una figura repetida en el lugar, se lee la frase “el niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre el niño que vivía en él y que le hará mucha falta” una frase que sería confirmada por el espíritu jovial de Neftalí Reyes, al poseer diversas “trampas” para sus invitados, entre las que destacaban falsas “pedicuras” y espejos que deformaban los cuerpos de quienes en él se reflejaban.
Pero en esta casa no todo era juegos, estaba estrictamente prohibido que alguien cruzara la barra mientras Pablo prepara el famoso “Coquetelón” para sus amistades (encantador trago que incluía; 2 partes iguales de coñac y champaña, un poco de cointreau y tan sólo unas gotas de jugo de naranja). Otra regla inquebrantable era que jamás se debía hablar como poeta y que la siempre fría cerveza se tomaba sólo en un jarrón teutón.
Si bien Pablo Neruda era un amante de la diversión, necesitaba un momento y lugar para escribir, por lo común su escritorio cumplía con esas funciones, pero era el sillón “nube” su favorito, inmaculado titán negro donde más de alguna vez fue manchado con tinta del poeta, esa tinta verde como sangre de eucalipto que recuerda a Neruda de sus araucanas tierras natales.
Acabando el tour las miradas se posan en la pieza de Neruda, la cual adornada con dibujos de la reina de Etiopía y una envidiable vista, representan los puntos más llamativos del lugar donde Pablo junto a Matilde descansaban sus parpados. Esto demuestra una vez más porque la Sebastiana está en Valparaíso y no en otro lugar, y es porque sencillamente no puede estar en otro lugar, la casa es en el fondo Valparaíso, cada una de las salas y detalles representan a su forma esta colorida ciudad que tanto amó Neruda y que de cierta forma dejó este amor plasmado en la vivienda.
Saliendo de la casa se vuelven a escuchar los murmullos de los viajeros, acentos argentinos, británicos y alemanes son los más notorios y mientras estos acentos se pierden en el aire marino, el sol se funde con el mar en el ocaso, regalándonos fugaces momentos de oros intocables y anunciando el término del día y del mismo modo la partida de los curiosos buses.


[1] Estilo de Graffiti con imágenes pre hechas en cartón,

Aswan, Egipto

Aswan, Egipto

Nueva Delhi, India

Nueva Delhi, India