sábado, 25 de abril de 2009

Tedio

El viento deja de galopar, para arrastrarse como gusano por las hirvientes rocas.

El ojeroso y anciano rey muere ante la impotencia de no poder levantar su cetro.

El sol decide no brillar este día, y la luna cuenta con sus ásperos dedos los billetes sucios en una esquina.

La marcha fúnebre se ahoga entre hedores pestilentes y una sed arenosa.

Un olor a cigarro viejo, una resaca indiferente, un dios ausente.

El tedio tapa narices y me asfixia en su punzante desdicha, cae como un espeso y seco brebaje por mi garganta oxidada

El niño mira el mundo pero nada le encuentra de nuevo.

El calor y sus figuras ondulantes queman flojas las pupilas.

Giramos atrapados en la nada y para siempre, gitanos de un grano de arena en un mar oscuro.

¡Hay si sólo existiera una respuesta!

domingo, 19 de abril de 2009

Teoría de los mundos paralelos

Desde muy pequeño, he escuchado como respuesta a mis dudas sobre la existencia de seres diferentes (especialmente los espectros) que "no existen". Como buen niño, mi inquietud me llevaba a buscar un argumento que respalde la respuesta que me daban los adultos, pero esta siempre era la misma: "obvio que no existen, ¿has visto alguno acaso?"
Lo que hoy me pregunto es, ¿es necesario ver para crear? (y de paso de derribar dicho paradigma como a la torre de Babilonia), o más aún ¿todo lo que puedo ver es? ¿todo lo que percibo existe?
Vamos a partir con la primera pregunta, ¿es necesario ver para creer? Según mi visión, no siempre es necesario ver algo para poder creerlo. Si algún familiar me dice que está triste, no pedo no creerle por el simple hecho que no tenga un cartel colgado en su cuello que verse "estoy triste", muchas veces la tristeza va acompañada con una careta de falsa felicidad ¿vamos a creer que por eso está feliz? Hay que recordar al pequeño principito "lo esencial es invisible a los ojos".
Ahora, ustedes dirán que estamos hablando de conceptos metafísicos que sólo se encuentran como conceptos en nuestra realidad (amor, odio, alegría etc...), pero creo creer que esto se extrapola a todos los elementos llamados "objetivos" (vale decir los objetos que se encuentran fuera de mí), yo puedo creer en algo que no he visto, y que sin embargo exista en el mundo real. Basta con leer una revista de viajes y creer lo que escribe el periodista y tomarlo luego como conocimiento propio, me atrevo a decir que en la gran mayoría de los casos, la veracidad que le entreguemos al mensaje no siempre será determinada por nuestra certeza sensitiva (otra paradoja, y como plantearía Descartes, ¿debemos creer en nuestros sentidos?) sino que en muchos casos, y por nuestra condición humana de no poder adquirir toda la información "de primera línea", nuestra creencia o no en un enunciado irá directamente relacionado con la credibilidad que ostente para nosotros el interlocutor que lo emita, osea, si yo creo que el emisor es alguien que suele versar de la verdad (entendiendo verdad como la concordancia entre la expresión y sobre lo que se expresa).
Ahora vamos a la última pregunta, ¿es todo lo que veo real, o todo lo que hay? Hay un par de conceptos creados (y reciclados luego por Bateson y Korzybski) por el filósofo alemán Immanuel Kant perfectos para ilustrar la idea. Estos son "Das din an sich" (la cosa en sí) y "Das ding fur mich" (la cosa para mí). Esto quiere decir lo siguiente, según Kant, el mundo (la cosa en sí) es algo que nunca vamos a ser capaces de conocer por completo, y en nuestra condición de seres humanos, sólo podemos percibir en base a nuestra naturaleza y nuestros sentidos, entonces todo lo que yo perciba de la "realidad en sí", es simplemente un esbozo de lo que existe, un esbozo delimitado por mi capacidad sensorial, en pocas palabras, lo que veo es mi adecuación a lo que existe (la cosa para mí).
Quizás aún muchos no entienden a que voy con este preámbulo, pero creo que es absolutamente necesario para desarrollar la idea central. Ahora, imaginemos que somos un toro, nuestra naturaleza sensorial nos impide ver en colores, ¿no existen los colores? No, no existen para "la verdad en mí" del toro, pero no por eso no existe para otras criatura. He aquí el punto clave, si nuestros padres nos decían que los fantasmas no existen porque nadie los ha visto, ¿es eso necesariamente verdad? La experiencia, (o la falta de esta) me permiten decir que no, no porque no lo percibo no existe, si fuera por eso, bien podríamos afirmar que los colores no existen gracias a los toros. Como dijo Maturana, "la ciencia nos permite versar sobre la experiencia no sobre el mundo".
Con lo anterior expresado, creo en mi infinita ignorancia, poder dar el beneficio de la duda a la existencia de espectros o mundos paralelos. Si bien no existe manera humana aún para probar la existencia de dichas cosas, nuestro cerco sensorial no es base suficiente para negarlo por insuficiencia de datos, no estamos seguros si los animales pueden ver y percibir cosas que nosotros no podemos (cosas del "mundo en sí" que no se manifiestan a nuestra naturaleza) y que se mueven a diferentes frecuencias (por ejemplo los ultrasonidos). No somos nadie para determinar que existo o no, utilizando nuestra percepción como única herramienta. La próxima vez que un niño le pregunte si existen los fantasmas, no sea tan ególatra, y afirme con humildad: "yo no los veo, pero no por eso no comparten con nosotros".

miércoles, 25 de marzo de 2009





Jaisalmer:

“La corona del desierto”


En medio del desierto y al noreste de la India, se encuentra una de las ciudades más hermosa y visualmente interesante del estado de Rajasthan. Su tonalidad amarillo ocre, sus interminables pasillos y su fachada antigua, son los elementos que hacen de esta ciudad, una visita obligada.




Por: Cristóbal Heiss Joerger

El camino en tren desde Nueva Delhi a Jaisalmer ofrece una imagen interesante y “exótica” para la mirada del curioso turista. Desde las ventanas del tren se aprecia un paisaje amplio y árido, mezquino en relieves y montañas, pero generoso en tierra y arbustos. A primera vista el lugar recuerda a la Sabana africana, donde el color rojizo del suelo descansa pasivo bajo los incontables pequeños arboles, que, si bien no alcanzan más de dos metros de altura, destacan por cubrir gran parte de la estepa.
Los pueblos que acompañan los rieles del tren, son el primer apronte a la gente de Rajasthan (la zona oeste de la India). A lo largo del camino son innumerables las casas de adobe, o las edificaciones de excremento de vacuno seco que abundan en el lugar. La aparente ruralidad contrasta de forma impactante con esporádicas antenas de televisión satelital marca “TATA”, las cuales con su típica redondez, más parecen un platillo volador alienígena a esta lejana tierra, que a un aparato de entretención.
Una vez que el tren recorre un largo trecho, y a tan sólo 80 kilómetros de Pakistán, se llega a la ciudad de Jaisalmer. Después de superar la arenosa y generosa en camellos entrada a la ciudad, la imagen cambia completamente. Casi como salida de un cuento de “Las mil y una noches”, la fachada de la ciudad y sus colores logran transportar casi a cualquiera a la antigüedad.
Las calles de Jaisalmer, como toda ciudad nacida en el Medioevo, gozan de hermosa estrechez. Las calles del mercado y sus sectores aledaños, son angostas y de curvas insospechadas. Alfombras, trajes tipo “Alí Baba´” y especias pueden observarse (o comprarse) prácticamente en todo el lugar. El mercado muestra la cara más pintoresca de la ciudad, donde los fuertes colores de los saris[i] femeninos, las frutas y verduras en el suelo y una que otra vaca vagabunda, se funden a la perfección, creando una postal digna de cualquier cuadro.
El punto más importante de Jaisalmer, y quizás su motivo de orgullo más grande, es el Fuerte. El gigante de piedras amarillo ocre (al igual que toda la ciudad), se para orgulloso a la altura de su ciudad, protegiéndola cual celoso centinela, de los invasores y enemigos. El Fuerte de Jaisalmer, que alguna vez albergó toda la ciudad entre sus amplias murallas, y que utilizó más de una vez sus redondas torres para repeler embestidas, es hoy el centro de atracción turística del lugar. La edificación construida en el siglo XII consta de 4 distintas puertas, logrando así confundir a sus enemigos y cansarlos antes de las batallas.
Los fuertes y palacios no son algo ajeno en el estado de Rajasthan, es más, su nombre significa algo así como “lugar de reyes”, nombre que lleva con orgullo gracias a los Maharajas, quienes fueron gobernadores de las antiguas ciudades indias. Pero la tradición real no se ha perdido por completo, aún existen los Maharajas, la gran diferencia es que su título carece del poder de antaño, razón que tiene a las familias reales más cerca de las empresas y negocios, que de los tronos.
Jaisalmer vive en una atractiva dualidad por más de una razón. Su frontera con Pakistán la vuelve un punto de encuentro entre los musulmanes e hindúes, instaurando un clima de tolerancia lejano a las guerras y conflictos. Su pasado imperial se mantiene glorioso, pero convive tranquilamente con su presente democrático. Sus vestigios persas se fusionan armoniosamente con la cultura India, dando una imagen de lo que Jaisalmer es; un híbrido entre Mowgli y Aladino, un embutido de culturas y tradiciones.
[i] Traje tradicional de las mujeres en la India.

martes, 24 de febrero de 2009

Baño en el Ganges

Me levanté a las 5 de la mañana con el cielo aún oscuro y un frío proveniente de la falda de los Himalayas que calaba profundamente mis huesos.
El camino hacie el Ganges fue una experiencia por si misma. Un poco a las afueras del río se podía observar decenas de personas construyendo improvisadas fogatas con basura para guarecerse , cual trinchera, del frío abrazo del viento.
Mientras caminaba a la orilla del mítico río, no podía dejar de impresionarme la devoción de cientos peregrinos hindúes, quien, ante mi asombrada mirada, sambullían sus semi-desnudos cuerpos en las gélidas aguas.
Me sentía como un extranjero, un invasor de otra galaxia que venía con las manos estiradas esperando recibir al menos una gota de la fuerza de voluntad que esta gente derramaba por sus poros.
El azul manto del alba seguía cubriendo el cielo de forma imperial, sólo siendo interrumpido ocacionalmente por un barco de papel con velas encendidas, esas hermosas embarcaciones fabricadas para recordar a los padres fallecidos, botes orgullosos que se pasean indefensos por el ancho río sagrado.
Derrepente, y sin previo aviso, algo sucedió. Mi madre decidió lanzarse al río, decisión que hice mía de inmediato. De un segundo a otro dejé de ser un extranjero, ahora era un peregrino más, dispuesto a bautizarme en aguas ajenas. Dejé mi ropa a un costado y decendí en ropa interior a las tiernas fauces de madre del Ganges, conté hasta 3, y olvidando el frío, dejé que cada poro y centímetro de mi cuerpo respirara esta agua sagrada.
Luego de la agitación y fuera del río, secando mi cuerpo, medité sobre lo que acababa de vivir. Es increíble como en estos tiempos donde abunda la Conexión inalámbrica pero falta la comunicación personal, miles de Quijotes se lanzan a un ritual ajeno a la cultura del marketing y el entertainment.
Vicente huidobro dijo una vez en su poema "Altazor": "Silencio, la tierra va a dar a luz un árbol", ahora yo digo: "Silencio, un hombre se funde y comulga con la naturaleza, Silencio, el hijo pródigo a vuelto a los brazos de su madre".

miércoles, 4 de febrero de 2009

Escúchame, te estoy hablando

Solo desde lo alto miras tu creación
Solo, realmente solo
Aún siendo omnipresente estás abandonado
formas parte del todo porque eso eres... todo lo que hay
Mente solitaria omnipresente que maneja su futuro y su pasado,
mas sabe que nunca encontrará a alguien igual a si mismo,
porque no hay como tú
Omnipotente para crear todo menos una compañera con tus mismas capacidades, ya que si lo lograras ¿Sería ella omnipotente también? ¿Lo suficiente para hacerte desaparecer a ti? ¿Oh hombre celestial?
¿Puede tu potencia infinita cambiar el destino que tu mismo diseñaste y conoces de memoria?
¿Oh ser omniconciente?
De ser así, no todo lo sabrías
De ser así, no podrías hacerlo todo
Bajarías de tu trono para sentarte entre los mortales
"los imperfectos"
Entre lágrimas y risas notarás que tu creación te ha creado
Como dijo tal filósofo: "Lo imperfecto no puede crear la perfección"
Por lo mismo te creamos humano, demasiado humano, con mañas y contradicciones, con celos y pasiones
Hermosa perfección imperfecta, fruto del misterio de nuestras cabezas

lunes, 22 de diciembre de 2008

Farka$

Pelo platinado, pinta de Dandy y viejo pascuero de las lucas, a simple vista el empresario minero Leonardo Farkas no parece más que un populista excéntrico, un fenómeno freak de la torcida farándula criolla, pero por más que parezca increíble mi querido lector, hay mucho más de Leonardo Farkas de lo que se ve en la superficie. Farkas bien podría encarnar un viejo estilo de vida (prostituido hasta el cansancio por muchos y trabajado por pocos) me refiero al siempre sabio "Carpe Diem".

Unir a Farkas con una filosofía de vida puede sonar tan descabellado como hablar de la poesía de Eduardo Frei (Dios quiera que nunca exista), pero en realidad si miramos a fondo podemos percatarnos que en realidad Farkas es un hombre extremadamente sabio, o bien un tonto con suerte.

¿Cuántos millonarios de novelas (y la vida real) conocemos que amasan incesablemente su fortuna y luego mueren sin haberla disfrutado? La lista es larga, y aprovechando los tiempos navideños nombro el personaje más idóneo para la situación, don Ebenezer Scrooge, el recontraconocido "platudo" de la obra de Charles Dickens que vive un vida repleta en monesas y vacía espiritualmente. Este tipo de hombre es el arquetipo rechazado por la sociedad del empresario avaro, codicioso y triste, es ahí donde entra Leonardo.

Farkas, al contrario de la mayoría de su extirpe, es un hombre que se dedica más a disfrutar la vida que ha acrecentar sin objetivo alguno su fortuna. El tiene claro que no siempre tuvo dinero y que no siempre lo tendrá, por lo mismo no escatima en lujos y opta por costosos autos, largas limusinas (¿o Limosnasinas?) e inclusive un viaje al espacio. Cualquier persona (incluyéndome en un principio), podría creer que estamos frente a un completo imbécil, un buen músico (¿dije bueno?) de pésimo manejo de dineros, una estrella fugaz en la vida de los ricos y famosos que pasará brillando fuerte pero rápidamente.

Ahora el tema es el siguiente, ¿es realmente tonto, o son otros lo idiotas? Si pensamos más detenidamente, Farkas es un ejemplo de alguien que vive el presente y no está preocupado de lo que sucederá ni de lo que ya figura en almanaques y libros de historia, de alguna forma (un poco excentrica) Leonardo deja un mensaje potente, el de aprender a vivir la vida sin temor a hacer el ridículo, el aprender a no planear tanto y actuar más, disfrutar a concho lo que se vive y tirar billetes por montones. Aún cuando existen diversas opiniones sobre sus intenciones, su turbiedad o su dudoso tinte del pelo, hay una cosa que Farkas nos entrega (no señora, no diez lucas), nos entrega la visión clara de alguien que vive el momento sin preocuparse del "que dirán" o de irse a la segura, alguien bajo la filosofía del Carpe Diem.



PD: Para los que crean que esto debería ir en el libro de "Odas elementales" de Neruda como "Oda a Farkas", les pido tomar a dicho empresario como un simple ejemplo y no condenar el escrito por culpa de las cosas "poco cristianas" (¡Que termino más interesante!) que haya efectuado dicho personaje.

miércoles, 5 de noviembre de 2008







El lado que pocos conocen:

La otra cara del Cairo
por: Cristóbal Heiss

-Lejos del cliché de las pirámides y los grandes museos, el Cairo es una ciudad a la que muchos viajan pero pocos conocen. Dentro de sus calles y en medio de su gente, se perfila la capital egipcia como un lugar que tiene mucho más que ofrecer que un pasado glorioso y un par de monumentos

-Los constantes bocinazos y el aparente desorden, lejos de ser algo molesto, son parte del espectáculo que representa viajar a un país con una idiosincrasia totalmente ajena a la de la cultura occidental.

Al bajarse del avión en el aeropuerto del Cairo, no se sorprenda si en vez de apreciar un apacible paisaje desértico lleno de camellos e historia, se encuentra con una multitud abundante y desesperada por llevarle al hotel “más cercano” o al “más barato” utilizando un sinfín de idiomas para cumplir su cometido. No de manera gratis se ha ganado el Cairo el apodo de “la ciudad caos”, donde ocho autos pueden caber sin problemas en una pista de tres calles mientras se serpentea esquivando peatones y cuanto animal se cruza con el fin de llegar al destino del pasajero.


El centro del Cairo sin duda representa una aventura por si misma para cualquier occidental que ose entrar en sus dominios. El corazón de la gigante urbe es nido de pasadizos que pueden llevarlo a lugares impensados, las pequeñas calles se encuentran abarrotadas de adultos y niños quienes en su mayoría intentan vender su mercancía de forma exasperada a cualquier distraído caminante que tropiece con su camino. Por donde se mire se pueden encontrar bazares y puestos de jugo de caña de azúcar, un dulce brebaje que se sirve helado (tan popular como el mote con huesillo en Chile) con la finalidad de refrescarse del abundante calor de la tierra de faraones, algo que se agradece de sobremanera cuando el clima supera los 40 grados Celsius.


Si existe un lugar en el Cairo con mayor movimiento que el centro es su mercado. Desde azafrán hasta juguetes, pasando por pequeñas esculturas de las pirámides y cuanto rollo de papel papiro pueda uno imaginarse, el mercado ofrece una inagotable manantial de oferta para los turistas y locales. Una clave no aún mencionada para desenvolverse con destreza en la selva egipcia, es saber que allá nada tiene un precio determinado, cada compra por más simple que sea pone a prueba al consumidor quien debe poner aplicar todos sus atributos negociantes si desea obtener algo a un precio razonable. Este regateo egipcio viene de una larga tradición árabe y es parte de su cultura, por lo que no discutir los precios puede inclusive llegar a ofender a un vendedor, claro que existen excepciones y los comerciantes lo saben, lo que puede reflejarse de forma clara cuando se observan turistas japoneses que compran botellas de agua a precio de whisky


Comer en el Cairo es muy barato y existen propuestas culinarias callejeras muy interesantes. La mayoría de los egipcios se adentran en la ciudad para buscar puestos móviles donde alimentarse, ya que estos representan una salvación tanto para el paladar como para el bolsillo. En estos puestos la comida tradicional es el faláfel, que es una suerte de puré de legumbres apanado y frito, también es muy popular el pan pita artesanal, que llenan con crema agria, pepinos, camarones y ensalada para hacerse unos suculentos sándwiches.


En medio del frenético frenesí de la ciudad se pueden encontrar en perfecto contraste con la urbe, a cientos ancianos que suelen salir a las calles a fumar su pipa de agua (conocida en Egipto como Sheesha) y hacer vida social. La imagen de los “abuelos de la ciudad” es casi romántica, a medida que su país se moderniza y cambia mientras se contornea al ritmo de Nueva York o Milán, ellos se quedan impávidos mirando los acontecimientos que suceden a su alrededor sin alarmarse, de forma tranquila y casi hipnótica, como espectadores que quedaron excluidos de la contingencia. Los ancianos representan en cierta forma el Cairo de hoy, una ciudad que se mueve entre al realidad y un pasado glorioso, una urbe que muchos creen conocer pero que pocos se dan el tiempo de explorarla interiormente, sin duda una metrópoli repleta de blancos, grises y negros.

Aswan, Egipto

Aswan, Egipto

Nueva Delhi, India

Nueva Delhi, India